Las hijas de Tecolote y Coyote Pai

Cuenta una leyenda paipai de los indios de Baja california que el señor Tecolote tenía seis hijas, quienes además de ser bonitas eran muy inteligentes. Estudiaban en la biblioteca de su padre por las mañanas y por las tardes. A media tarde, Tecolote tocaba una chicharra para indicarles a sus hijas que había llegado la hora de salir a volar alto por los aires, de jugar, cantar y bailar.

Les gustaba mucho jugar a La Víbora de la Mar, se reían como locas y sus risas llegaban hasta los oídos de Coyote Pai, que las escuchaba con beneplácito, pues era su mejor amigo. Cuando las niñas estaban jugando, Coyote Pai salía de repente de entre los arbustos, y les hacía cosquillas en sus cuerpecitos; luego corría y se perdía entre la vegetación. Las hijas de Tecolote no lograban atraparlo después de que les hacía la travesura de hacerles cosquillas.

Con el fin de escarmentarlo, las chicas urdieron un plan. Salieron más temprano de sus clases sin que se diera cuenta Tecolote. Se fueron volando hasta el Cielo y poniéndose unas velas en las garras, se hicieron pasar por brillantes estrellas. A poco rato llegó Coyote Pai al lugar donde acostumbraban jugar las chicas, pero no las encontró. Las niñas se pusieron a cantar una canción, Coyote Pai las escuchaba pero no lograba localizarlas, y se desesperaba. Entonces las traviesas chicas le gritaron: -¡Oye, Coyote Pai, ve hacia arriba! Coyote dirigió sus ojos hacia el cielo azul y las vio. En seguida, quiso estar con ellas arriba, le parecía maravilloso, y contestó: -¡Quiero estar arriba con ustedes, quiero ser también una estrella! A lo que las niñas le contestaron que estaba bien, y con su largo cabellos tejieron una cuerda que arrojaron a Coyote Pai para que subiese. Así lo hizo Coyote y empezó a trepar por la cuerda, muy contento de su buena suerte.

Subió muchos metros y cuando ya estaba a punto de llegar hasta las hijas de Tecolote, éstas cortaron la cuerda y Coyote Pai cayó hasta el suelo convertido en muchos pedacitos, que se convirtieron en polvo y que el viento se encargó de esparcir por todos lados.

Coyote Pai observa a la hijas de Tecolote

La abuela de Coyote Pai escuchó la tremenda caída de su nieto y, presurosa, acudió al lugar, donde encontró los esparcidos restos del animal. Recogió el polvo, se fue a su casa y con él preparó harina e hizo panecitos. Mientras se cocían la pobre abuelita se puso a llorar. Al verla tan triste, Dios hizo que el polvo se saliese del horno, brillara muchísimo y flotara hasta llegar a todos los rincones del mundo. Por donde pasaba caía polvito mágico y nacía un coyote nuevo. La Tierra se fue poblando de muchos coyotes para beneplácito de la  abuela que se puso muy feliz.

Las hijas de Tecolote nunca más descendieron a la Tierra y se quedaron en el Cielo convertidas en estrellas que su padre siempre observaba por las noches… ¡Como dicen que los tecolotes lo hacen desde entonces¡

Sonia Iglesias y Cabrera

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