El cazador y su perro de Cerro Gordo

Cuenta una leyenda de Miahuatlán que hace ya bastante tiempo un campesino decidió ir al campo a cazar, en un lugar llamado Cerro Gordo, que se encuentra situado hacia el este de Miahuatlán de Porfirio Díaz, en el estado de Oaxaca, pueblo pequeño de pocos habitantes, la mitad de ellos indígenas. Como siempre lo hacía, el hombre se hizo acompañar de su hermoso y fiel perro que se llamaba Chucho y era de color canela.

Salió por la mañana, y pasó todo el día buscando alguna presa que le satisficiera. Llegó la tarde y con ella una fuerte lluvia que pronto se convirtió en aguacero.

Con el fin de resguardarse del agua, el cazador decidió meterse a una cueva que se encontraba en las faldas del Cerro Gordo. Él se metió muy tranquilo, pero Chucho prefirió quedarse afuera y no entró a la cueva para nada. Empezó a oscurecer, y el campesino se quedó completamente dormido. Al ver que su amo no salía, el perro comenzó a aullar llamando a su amo, como avisándole algo, estaba temeroso. Pero por más fuerte que ladraba, el hombre nunca salió de la cueva.

Al otro día, el hombre aún no había salido de su refugio, por lo que el perro decidió regresar al pueblo donde estaba su casa, a fin de tratar que alguien acudiese a la cueva. La esposa del campesino ya estaba alarmada por su tardanza, y había avisado a algunos de los hermanos de su marido; cuando vieron llegar al perro no dudaron que algo extraño había sucedido. Todos acudieron a la cueva precedidos por Chucho.

El Cerro Gordo de Miahuatlán

Al llegar a la entrada de la cueva todos se introdujeron en ella, pero por más que buscaron no encontraron al campesino cazador. Estaba su rifle y su guaje con agua, pero de él ni sus luces. Lo buscaron por toda la cueva que es muy larga sin ningún resultado, y no solamente un día sino varios; sin embargo nunca lo encontraron.

Desde ese día se escuchan en el Cerro Gordo y en el pueblo, los aullidos lastimeros de un solitario perro que aúlla buscando a su amo perdido, y del que nunca se supo que había pasado con él. Tal vez los espíritus de las cuevas se lo llevaron…

Sonia Iglesias y Cabrera

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