La Virgen y el Roble

Cuenta una leyenda de Monterrey, Nuevo León, que una vez una pequeña niña se encontraba en el campo con su rebaño de ovejas, las observaba y disfrutaba de la belleza del entorno. Se encontraba muy entretenida cuando, de pronto, escuchó una dulce voz que la llamaba: -¡Rosita, Rosita! Intrigada, la niña se dirigió a donde había un pequeño bosque y vio que un hermoso roble tenía en una especie de nicho natural a la estatua de una Virgen. De la aparición emanaba un delicioso aroma a flores, y estaba cubierta de un divino resplandor. Era una maravilla.

Una vez pasada su sorpresa, la pequeña salió corriendo hasta su casa para comunicarles a sus padres lo que había visto. Los tres acudieron al bosque a ver al roble. Cuando vieron a la maravillosa Virgen en el tronco los padres acudieron a la iglesia del pueblo para contarle al sacerdote el prodigio que habían presenciado. El cura dio aviso a otros feligreses y todos acudieron al bosque donde se encontraba la madre de dios. Decidieron trasladarla a la parroquia y colocarla en un altar.

La Virgen y la pastorcita

Al siguiente día, muy tempranito, los fieles, llenos de fervor religioso, y el señor cura acudieron llenos de fe a ver a la Virgen. Pero, ¡Oh, sorpresa! La estatua no se encontraba en el sitio en donde la habían colocado. Ofuscados por la desaparición corriendo se encaminaron hacia el bosque donde se encontraba el roble. Y efectivamente, ahí estaba la Virgen en el mismo lugar donde la habían encontrado. En seguida se percataron de que el manto y las sandalias de la divina mujer estaban llenos de lodo y zacate del camino, lo cual indicaba que la mujer había regresado al tronco de roble a pie caminando por el bosque.

Regresaron cargando a la Virgen para volver a colocarla en su altar en la parroquia. Pero volvió a suceder lo mismo: la sagrada estatua se bajaba del altar y regresaba al bosque para colocarse en el roble. Este hecho pasó como cinco veces, hasta que el cura comprendió que la Virgen trataba de indicarles que quería que se le construyese una iglesia en el sitio en el cual se aparecía.

Así se hizo, y con el apoyo de todo el pueblo se le erigió un lugar propio al que llamaron la iglesia de Nuestra Señora del Reino del Roble. Se trataba de una iglesia pequeña, casi una ermita, pero que con el tiempo se fue haciendo mayor y en la actualidad se la conoce como el Santuario de Nuestra Señora del Roble, mismo que se encuentra situado en la ciudad de Monterrey, donde se celebra su fiesta patronal el 18 de diciembre y su Coronación Pontificia el 31 de mayo.

Sonia Iglesias y Cabrera

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