Coyote le hace maldades a Chamán de la Tierra.

Los indios pimas, akimel o’odham, de Sonora y Chihuahua cuentan que cuando Chamán de la Tierra, Juh-Wert-A-Mah-Kai, el supremo Dios Creador, terminó su labor y el mundo estaba poblado de exuberante flora y rica fauna, decidió dar vida a los hombres. Construyó un horno, tomó un poco de barro, y dio forma a dos figuras: un hombre y una mujer. Cuando el dios se encontraba en plena creación humana, llegó Coyote y, haciéndose el chistoso, le dijo que el horno estaba listo para meter cualquier cosa que se quisiera. El Chamán aunque conocía lo mentiroso que era Coyote, pensó que decía la verdad pues al fin y al cabo Coyote era parte de la creación y tenía facultades para realizar buenas acciones, así que metió las figurillas al horno. Pasado cierto tiempo, Coyote le avisó a Chamán de la Tierra que sea lo que fuese lo que había metido al horno, ya estaba listo. El Creador le hizo caso y sacó a la pareja del horno. Pero al hacerlo comprobó que no estaban bien cocidas, que estaban blancuzcas. Así surgieron los hombres blancos de esta pareja que al salir del horno corrió a poblar tierras lejanas.

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Chamán decidió hacer otras dos figurillas: tomó barro, las esculpió y, por consejo de Coyote, las metió al horno el doble de tiempo que empleó para cocer a la pareja de raza blanca. Cuando las sacó del horno vio que estaban negras. Enojado, el Chamán de la Tierra despidió a Coyote con cajas destempladas y le envió hacia la gran llanura a molestar a quien pudiera con sus engaños y bromas.

Volvió a tomar barro y formó una nueva pareja. Como ya sabía el punto exacto de cocción sacó a las figurillas en el tiempo justo y, ¡Oh, maravilla!, surgieron los primeros pimas que poblaron la Tierra con  el punto de cocción exacto; es decir, doradito.

Sonia Iglesias y Cabrera


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