El origen del sarape de herraduras.

Uno de los diseños tradicionales que se labran en los sarapes que se elaboran en San Bernardino Contla, en el estado de Tlaxcala, es el de herraduras de caballo en color negro. Su origen a dado lugar a una leyenda que narra que a finales del siglo XIX, en el Barrio de Tlacatécpec vivía un artesano tejedor, quien era muy famoso por sus bellos y originales diseños de sus trabajos en el telar de pedales. Todo el pueblo lo conocía y apreciaba, y su fama se había extendido a todo el estado, pues era todo un artista honrado y humilde.

En cierta ocasión, un caballero muy rico y elegante que vivía en el pueblo de Apetatitlan decidió ir con el artesano para que le tejiese un sarape blanco que tuviera un diseño muy original, pues estaba seguro de que era el único capaz de darle gusto. Sabía que sus clientes más exigentes siempre quedaban completamente satisfechos con su trabajo. Llegó al pueblo de San Bernardino y preguntó por la casa del tejedor. Cuando le dieron las señas se dirigió a ella muy contento.

Habló con el tejedor y le dijo: – Buen hombre, he venido a verlo desde donde vivo con el fin de que me teja un hermoso sarape. Pero eso sí, el diseño debe ser original y nunca visto. El artesano aceptó el encargo y el reto.

Al siguiente día, el caballero volvió a ver al tejedor, el cual aún no había encontrado el diseño especial que le pedía. El caballero se fue. Así pasaron varios días, casi un mes. Y cuando el artesano veía llegar a su cliente le decía que aún no encontraba el motivo  original que debía labrar en el sarape blanco. El caballero, pacientemente, se despedía y regresaba al día siguiente.

El artesano de San Bernardino Contla

Llegó el invierno y el tejedor estaba sumamente apenado porque yo encontraba el diseño adecuado. Una mañana especialmente fría y cruda, en la que la nieve había formado una pequeña capa en el suelo del poblado, llegó el caballero hasta las puertas de la casa del artesano. Tocó la puerta, aunque no se bajó de su caballo. El artesano le abrió, y en ese momento exclamó: -¡Señor, señor. Ya tengo el diseño que tanto buscaba para su sarape blanco! Y corrió hasta su telar.

Mientras tanto, el hombre bajó de su cabalgadura, la aseguró en la rama de un árbol, se metió en la casa y llegó hasta donde se encontraba el telar. Vio que el tejedor estaba labrando en el sarape unas hermosas herraduras negras. Entonces, en ese momento se dio cuenta de que las huellas dejadas por su caballo en la capa de nieve habían sido la inspiración para su sarape.

Cuando el artesano terminó su trabajo, el caballero quedó encantado con el sarape y le pagó una buena cantidad de dinero. Con el tiempo, el diseño se fue copiando, pues a todos les encantaba. Pasó el tiempo, y ahora es uno de los diseños que hacen famosos a los sarapes del pueblo de San Bernardino Contla.

Sonia Iglesias y Cabrera

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