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Cuentos Cortos

El diablo y sus añicos

El diablo y sus añicos no es una leyenda urbana, es un cuento de miedo escrito por Hans Christian Andersen:

Cierto día un duende malo, el peor de todos, puesto que era el diablo, estaba muy contento porque había preparado un espejo que tenía la propiedad de que todo lo bueno, bonito y noble que en él se reflejaba desaparecía, y todo lo malo, feo e innoble aumentaba y se distinguía mejor que antes. Hans Christian Andersen

¡Qué diablura malvada! Los paisajes más hermosos, al reflejarse en el espejo, parecían espinacas hervidas y las personas más buenas tomaban el aspecto de monstruos o se veían cabeza abajo; las caras se retorcían de tal forma que no era posible reconocerlas, y si alguna tenía una peca, ésta crecía hasta cubrirle la boca, la nariz y la frente.

-¡Vengan diablitos, miren que divertido! -decía el diablo.

Había algo peor todavía. Si uno tenía buenos pensamientos, aparecía en el espejo con una sonrisa diabólica, y el peor de todos los duendes se reía satisfecho de su astuta invención. Los alumnos de su escuela, pues tenía una porque era profesor, decían que el espejo era milagroso, porque en él se podía ver, afirmaban, cómo eran en realidad el mundo y los hombres.

Lo llevaron por todos los países y no quedó ningún hombre que no se hubiese visto completamente desfigurado. Pero los diablos no estaban satisfechos.

-¡Quisiéramos llevarlo al Cielo para burlarnos de los ángeles! -dijeron sus alumnos.

Así lo hicieron, pero cuanto más subían, más muecas hacía el espejo y más se movía, y casi no lo podían sostener. Subieron y subieron con su carga, acercándose a Dios y a los ángeles. El espejo seguía moviéndose; se agitaba con tanta fuerza que se les escapó de las manos y cayó a tierra y se rompió en más de cien millones de pedazos.

Pero entonces la cosa fue peor todavía, porque había partículas que eran del tamaño de un granito de arena y se esparcieron por todo el mundo, y si caían en el ojo de alguien, se incrustaban en él y los hombres lo veían todo deformado y sólo distinguían lo malo, porque el más pequeño trozo conservaba el poder de todo el espejo.

Lo terrible era cuando una partícula se incrustaba en el corazón de una persona, porque se convertía en un pedazo de hielo. Algunos hicieron cristales de gafas con los trozos que se encontraron pero fue espantoso. El que se ponía las gafas veía todas las cosas transformadas en cosas tristes y desagradables y ya no podía ser feliz.

El diablo se desternillaba de risa vendo lo que habían hecho sus discípulos. Se reía tan a gusto que su gordo vientre se agitaba y se cansaba de felicitar a sus alumnos.

¿Quién fue Hans Christian Andersen?

Hans Christian Andersen (1805-1875), fue un escritor danés, y uno de los mayores autores de cuentos para niños.

Criado en al pobreza, se fugó a Copenhague donde fue apadrinado por Jonas Collin, director del Teatro Real. Publicó poesía, novela y obras teatrales con éxito, pero su principal aporte está en los cuentos infantiles, entre los que destacan: “El patito feo”, “La sirenita”, “El traje nuevo del emperador”, “Las zapatillas rojas”, entre otros.

Empleó el lenguaje cotidiano en su obra infantil, logró expresar los sentimientos e ideas de su público. Su obra ha sido traducida a más de 80 idiomas, fue adaptada al teatro, cine, dibujos animados, ballet, video juegos, etc.

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El lobo que cree que la Luna es queso

Cuento corto El lobo que cree que la Luna es queso. Cuento corto de España.

Andaba el lobo muy hambriento y ya no sabía que hacer para coger algún animal para comerselo. Y por hay encuentrasé con la zorra y le dice:

— Oiga usted, señora zorra, que me la voy a comer.

Y la zorra le dijo:

–Pero mire usted, que estoy muy flaca. No soy más que huesos y pellejos.

–No, que usted estaba muy gordita el pasado año.

–El año pasado si que estaba gordita, pero ahora tengo que darles de mamar a mis cuatro zorritos y apenas hallo bastante para crear leche para ellos.

–¡Que no me importa!, la dijo el lobo.

Y iba a darle la primera mordida, cuando la zorra le dijo:

–Deténgase usted, por dios, señor lobo. Mire que yo se donde vive un señor que tiene un pozo lleno de quesos.

Y se fueron la zorra y el lobo a buscar los quesos. Y llegaron a una casa y pasaron unas tapias y llegaron ande el pozo, y la Luna se reflejaba en el agua y parecía un queso. Y se asomó la zorra y volvió y le dijo al lobo:

–¡Ay amigo lobo, que el queso es grandón! Mire asomesé usted.

Y se asomó el lobo y vió la Luna y creyó que era un queso grandón. Pero el lobo sospechoso ,la dijo a la zorra:

–Pues bueno, amiga zorra, entre usted por el queso. Y la zorra se metió en uno de los cubos y entró por el queso. Y desde abajo le gritaba al lobo:

–¡Ay, amigo lobo! ¡Que grandón está el queso! ¡No puedo con él! Venga usted a ayudarme a subirle.

–Pero no puedo yo entrar — la decía el lobo–. ¿Cómo voy yo a entrar? Súbalo usted sóla.

–Y la zorra le dijo:

–Pero no sea usted torpe. Metasé usted en el otro cubo y verá como así entra fácilmente.

Y se metió la zorra entonces en el cubo ande había bajado. Y el lobo se metió en el otro cubo y, como pesaba más, se deslizó para abajo y la zorra subió para arriba. Y hay se quedó el lobo buscando el queso, y la zorra se fue muy contenta a ver a sus zorritos.

CUENTOS POPULARES ESPAÑOLES.

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La mata de Albahaca

Cuento corto La Mata de Albahaca, de España.

Era una mujer que tenía tres hijas. Y tenían en el jardín una mata de albahaca y cada día salía una de las hermanas a regarla.

Un día salió a regar la mata de albahaca la hija mayor. Y cuando estaba regándola, pasó por allí el hijo del rey y le dijo:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y como no supo responder se fue el hijo del rey para su palacio.

Y al día siguiente pasó otra vez el hijo del rey por la casa y salió la hermana segunda a regar la albahaca, y él la hizo la misma pregunta:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Tampoco supo responder y el hijo del rey se fue para su palacio.

El tercer día, cuando volvió el hijo del rey a pasar por la casa, la hermana menor pasó a regar la albahaca, y él le hizo las misma pregunta que a las otras:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y ella le respondió:

–Señorito aventurero, ¿cuántas estrellas tiene el cielo?.

Y como el hijo del rey no supo responder a esta pregunta, se fue a su palacio muy avergonzado.

Y entonces el hijo del rey como estaba muy avergonzado de ver que no habia podido responder a la pregunta de la hermana menor, se metió a encajero y salió a vender encajes a todas partes. Y llegó a la casa en donde vivían las tres hermanas y salieron a ver que vendía. Y la hermana menor escogió por fin una puntilla y le dijo al encajero:

–¿Cuánto quiere usted por esta puntilla?

Y él le dijo:

–Por esta puntilla un beso.

Y ella le dio el beso y se quedó con la puntilla.

Y otro día volvió el hijo del rey como antes a la casa de las tres hermanas. Y salió la hermana mayor a regar la albahaca y él la preguntó otra vez:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y ella no supo que responder y él se fue para su palacio. Y al día siguiente volvió y salió la hermana segunda a regar la albahaca, y el hijo del rey la preguntó como antes:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y ella no supo que responder como la primera vez. Y vino otro día el hijo del rey y salió la hermana menor a reger la albahaca, y la preguntó como antes:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y ella le respondió como la primera vez:

–Señorito aventurero.¿Cuántas estrellas tiene el cielo?.

Y a eso preguntó él:

–Y el beso del encajero.¿estuvo malo o estuvo bueno.?

Y como ella no supo responder se metió en la cama avergonzada.

Pero pocos días después se puso malo el hijo del rey y no había médico que lo pudiera curar. Y fue la hermana menor y se vistió de médico. Fue al palacio del rey de médico superior, mucho superior, y le dijo al rey:

–Yo vengo señor rey, a curar a su hijo.

Y la dejaron entrar y consultó con los otros médicos y dijo:

–Pa que sane el principe hay que meterle un nabo en el culo.

Conque bueno, que le metieron el nabo en el culo y el hijo se puso bueno.

Y cuando ya estaba bueno, salió el hijo del rey otra vez a paseo y pasó por la casa de las tres hermanas otra vez. Y salió como de costumbre la hermana mayor a regar la albahaca, y él la preguntó de nuevo:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y ella, como antes, no supo reponder.

Y otro dia salió la hermana segunda a regar la albahaca, y la hizo el hijo del rey la misma pregunta de siempre:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y tampoco supo responder.

Y al tercer día, cuando pasó el hijo del rey por la casa, salió la hermana menor a regar la albahaca y él le preguntó como lo había hecho antes:

–Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y ella le respondió como antes:

–Señorito aventurero.¿Cuántas estrellas tiene el cielo?.

Y entonces el hijo del rey creyó que iba a salirse con la suya como antes y la preguntó:

–Y el beso del encajero.¿estuvo malo o estuvo bueno.?

Pero se engaño el hijo del rey, porque apenas había preguntado eso de antes, cuando ella le preguntó:

–Y el nabo por el culo.¿estaba blando o estaba duro?.

Y entonces el hijo del rey comprendió que ella había sido la que le había metido el nabo por el culo. Y como estaba muy enamorado de ella y ella también estaba enamorada de él, enseguida se casaron.

CUENTOS POPULARES DE ESPAÑA.

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Cuentos Cortos

El pastorcillo y la serpiente

Un pastorcillo sacaba todos los días su pequeño rebaño de ovejas y cabras a pastar por los campos. Tendría unos ocho años de edad y su mayor ilusión era ir a la escuela para aprender cosas. Eran cinco hermanos y en horas del colegio, él siempre tenía que estar con su pequeño rebaño en el campo.

Un día le dijo a su madre, que quería ir a la escuela para aprender cosas y la madre con mucha pena le contestó —hijo mío, que más quisiera yo, pero eres el mayor de tus hermanos y como bien sabes, tu padre está muy enfermo y no puede trabajar cuando papá se ponga bien podrás ir a la escuela, de momento y aunque me duele mucho decírtelo, no puedes? Hay que sacar el rebaño para que pueda pastar y con la leche que sacamos, podemos comer tus hermanos, tú y nosotros.

Guillermo, que era como se llamaba el pastorcillo, ese día se fue a dormir triste por que de momento no podía ir a la escuela y a la vez muy contento, por que gracia a él, su familia no pasaría hambre.

Al día siguiente y como siempre, Guillermo sacaba su rebaño a pastar y para llegar a los tiernos pastos, tenía que pasar por delante de la escuela, donde los niños más afortunados estudiaban.

Aunque algunos niños que estaban en la escuela (por lo visto no la aprovechaban mucho), solían decirle en tono burlesco —Guillermo, si no estudias, serás un analfabeto, un burro y se burlaban del.
Sobre las doce de ese mismo día (estando sentado y repostado sobre el tronco de una vieja higuera), le entró un sueño muy dulce y se quedó dormido y una vez dormido, tuvo un extraño sueño.

Su sueño: Tú lo que tienes que hacer, es llevar el rebaño a donde no haya comida, o perder alguna oveja y cuando lo hayas hecho varias veces, veras como tus padres no te manda más con el rebaño y entonces, veras como si que podrás ir al colegio.
Cuando se despertó de aquel extraño sueño, se juntó con un amigo, que como él, tenía que cuidar un rebaño y le pasaba lo mismo, no podía ir al colegio.
— ¿Que llevas en el sombrero de paja?—le preguntó Bernardo, que era como se llamaba el amigo—.
Guillermo se quitó el sombrero y pudo comprobar con asombro, la camisa de una serpiente enroscada en la copa de su sombrero.
Bernardo al verlo tan sorprendido, le preguntó— No me digas, que no te habías dado cuentas.
—No, la verdad es que no, lo que si he tenido un sueño muy extraño.
— ¿Es que te has quedado dormido?
—Si, me entró de repente un sueño muy dulce y ha sido cuando he tenido el sueño.
— ¿Y que sueño ha sido ese?
—Como tú sabes, yo tengo muchas ganas de ir a la escuela.
—Si, eso ya lo se, me lo dices todos los días.
En el sueño una voz me decía— si llevaras el rebaño, a donde no hubiera comida, o perdieras alguna que otra oveja, tus padres no te mandarían más con el rebaño y si que podría ir a la escuela—.
—Oye, no es mala idea.
—Que me dices, tú estas loco, si yo no diera de comer a mi rebaño, para que produzca leche, no tendríamos en casa para comer. Además mí papá está muy enfermo y yo soy el mayor de mis hermanos y tengo que cuidar el rebaño, para que ellos no pasen hambre.
Ese día cuando volvió a su casa, le contó a su madre, lo que le había pasado.
—Mamá: hoy me ha pasado una cosa muy extraña, me he quedado dormido en el campo y he tenido un sueño muy raro. Además, una serpiente me ha dejado su camisa enroscada en mi sombrero.
— ¿Que sueño ha sido, hijo, que me estás asustando?— le preguntó su madre, con preocupación—.
—Una voz muy persistente, me decía que llevara el rebaño a donde no hubieran pastos, o que perdiera alguna oveja y que si lo hiciera muchas veces, seguro que conseguiría ir a la escuela, por que para ustedes, no serviría como pastor y entonces me enviaríais a la escuela.
— ¿Hijo y tú que piensas de todo esto?
—Que no estoy de acuerdo mamá, que si para que yo aprenda cosas en la escuela, tienen que pasar hambre, mi familia y mis ovejas, con lo que se, ya tengo bastante.
Su madre lo abrasó y dándole un dulce beso, le dijo —Hoy soy la mujer más feliz del mundo—.
— ¿Por que mamá?
—Hoy ha venido un joven sediento a pedirme agua y cuando estaba bebiendo, ha sentido a tu padre toser. Al sentirlo, me ha preguntado si había algún enfermo en la casa, le dije que mi marido. Entonces me dijo que él, era médico y que si no tenía inconveniente, podría visitarlo. Yo le contesté que si y le acompañe a donde estaba tu padre y cuando estábamos junto a él, me dijo que le llevara una palangana con agua.
Cuando volví, me dio la mayor de las alegrías, diciéndome, que tu padre estaba prácticamente curado y que muy pronto podría trabajar y también, por tener un hijo tan maravilloso como tú. Además no me ha querido cobrar nada, me ha dicho que ya había cobrado —dijo la madre y se abrasó de nuevo a su hijo—.

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Pablito el bajito

Un cuento corto donde un jovencito de poca estatura demuestra no ser menos y nos enseña una gran lección

Había en un pueblo un niño que era muy bajito y estaba muy acomplejado por su pequeña estatura. Además los amigos siempre se lo hacían saber, lo pequeño que era.

Un día él y varios amigos (de los que siempre se metían con su estatura) se fueron al campo. De golpe aparecieron unas nubes negras y se empezó a oscurecer el día. Una fuerte tormenta les pillo y para resguardadse de la lluvia, buscaron cobijo, ya que estaban a varios kilómetros del pueblo.

Después de un buen rato buscando, encontraron una cueva y se metieron en ella. La cueva era muy bajita y todos tenían que ir agachados, menos Pablito que era como se llamaba el niño bajito.

De golpe se sintió un ruido en el fondo de la cueva y todos se asustaron, menos Pablito, que aunque era más bajito, era el más valiente de todos. La lluvia era muy fuerte y relámpagos y truenos no paraban.

El ruido se iba acercando y todos en la puerta de la cueva temblando, sin saber que hacer.
Pablito cogió un palo y se adentró en busca del ruido.

Minutos más tarde se presentó con un pequeño cordero en la mano.
Los amigos le dieron un abrazo y desde entonces, para ellos dejo de ser bajito.

La grandeza de las personas, no se mide en centímetros.

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Nilu y gato

Nilu decía a todo el que quería oírla que su gatito Gato era sorprendentemente listo.
Presentó a Gato al señor perro, al gallo Ki y al pájaro Pió.
Un día la madre de Nilu escucho piar en la habitación de la niña.
-¿No tendrás un pájaro Nilu?
– No mama, es Gato.- el gatito hizo pio pio
– ¡Dios mío!.- exclamo la madre de la niña.- este gato esta loco
– No mama es que ………- la madre no le dejo acabar la frase.
Otro día el padre de Nilu escucho ladrar.
– Nilu no tendrás un perro en la habitación
– No papá, es Gato.- el gatito hizo guau guau
– ¡Santo cielos este gatito esta enfermo!
– No papa es que es …..- Pero tampoco le dejo acabar la frase.
Una mañana muy temprano los padres de Nilu se despertaron asustados al oír un gallo cantar. Corrieron a la habitación de Nilu, sobre el armario de la niña estaba Gato dando los buenos días con su kiriquiki.
– Esto no puede continuar así, tendremos que llevarlo al veterinario, este gato esta muy loco. Y así fue, como padres, niña y el gato fueron a visitar al veterinario,
– A ver Gato, qué es lo que dicen que puedes hacer ¿guau?.- Pregunto el veterinario.-Y el gatito hizo guaua
– Y piar ,sabes piar?.- Y el gato pió
– Nilu, por qué crees que tu gatito es tan raro, ¿qué le puede estar pasando?
– Nada, dijo la niña
– ¿Nada?.-Preguntaron padres y veterinario
– Mi gatito no es raro, es muy listo por que sabe idiomas.
– Pues sí que es listo.- dijo el veterinario
– Miau miau.- dijo Nilu.- eso es lo que siempre digo yo, que mi gatito es muy listo.

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El Príncipe enamorado

 Cuento corto sobre un principe enamorado.

Hace mucho tiempo vivía un Príncipe en un enorme castillo, que buscaba princesa con quien casarse y tener muchos hijitos.

Su padre el rey hizo el anuncio que todo el reino esperaba.

– El día del cumpleaños del Príncipe, que será dentro de catorce días y catorce noches, la muchacha que le haga a mi hijo el mejor regalo y por tanto el que más le guste a él, la eligirá como esposa para acabar siendo la reina de este castillo.

La sorpresa fue mayúscula y creó una gran espectación y alegría allá donde la noticia se escuchaba.

Todas las muchachas del reino, de algunas ciudades del alrededor e incluso de algunos paises extranjeros, se dieron cita el gran día del cumpleaños del Príncipe.

Los regalos eran espectaculares, joyas, cofres repletos de oro y diamantes, caballos traidos de Arabía, Toneles del mejor vino español y otros muchos y de los más variados de todo el continente.

Pero el Príncipe se fijó en un regalo que era una simple caja, a decir verdad era una caja muy bonita de madera, pero lo que más le llamó la atención al Príncipe fue que la caja estaba abierta y dentro no había nada, estaba completamente vacía y por supuesto el Príncipe no entendió nada. Hizo llamar a su mayordomo y le pidió que localizara a la muchacha que se estaba burlando de él y que su regalo había sido nada.

Pocos minutos después el mayordomo se presentó anunciando a la muchacha que no le había hecho ningún regalo y por supuesto el Príncipe le preguntó:

– Me puedes explicar porque te has querido burlar de mi no regalándome nada. Dijo el Príncipe dándole la espalda a la muchacha.

Con voz temblorosa la muchcha pudo decir:

– Lo siento Príncipe, pero por el camino me encontré con tanta gente que lo necesitaba más que usted, que lo repartí todo.

El Príncipe solo escuchando la voz dulce de la muchacha y su grandiosa generosidad, se dió media vuelta, se arrodilló y sin mirarle el rostro dijo:

– No me importa como seas por fuera, porque por dentro he visto que quiero que seas la madre de mis hijos y la reina de mi castillo y mi corazón. ¿Te quieres casar conmigo?.

– Ella se arrodilló junto a él y por primera vez se miraron a la cara y descubrieron lo bellos que eran y lo mucho que se amaban.

Se besaron dulcemente y anunciaron el compromiso. Juntos repartieron todos lor regalos del Príncipe y todo el reino lo agradeció.

Fueron muy felices y reinaron con sabiduría y justicia, hasta el final de sus días.

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La noche estrellada

Cuento corto sobre un perro que ladraba aparentemente sin razon alguna en la noche estrellada

Al caer la noche el cielo se llenaba de estrellas y el perrito Toby aullaba sin parar. Los niños que vivían en la casa de la esquina se asustaban siempre que Toby ladraba porque pensaban que andaban fantasmas en la calle.
Una noche Juanito y Antonio decidieron salir a ver porque ladraba tanto y se quedaron observándolo durante 30 minutos. Al notar que no había nadie y que solo ladraba mirando hacia el cielo se dieron cuenta que lo hacia por que le agradaban las estrellas del cielo. Desde ese momento no tuvieron más susto.

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El niño que quería volar

Sentado sobre una piedra, Pedrito se pasaba el rato contemplando el volar de las águilas, y eso le había costado más de una bronca, por parte de su madre. Este vivía a unos tres kilómetros del pueblo y solía ir al colegio andando. Su mayor ilusión de siempre era volar algún día como los pájaros.
—Pero Pedro ¿como llegas tan tarde, si hace más de dos horas que terminó el colegio?
—He estado contemplando las águilas, me encantaría volar como ellas.
—Pero hijo, tú eres un ser humano, no un águila ¿además no tienes plumas?
—Ya lo se mamá, pero es superior a mi.
—Anda y coge la merienda Pedro, que se te va juntar con la cena y déjate ya de volar, que tienes muchos pájaros en la cabeza.
Al día siguiente estando sentado en su piedra y como siempre contemplando a las águilas, se le acercó una joven muy guapa y le dijo — ¿te gustaría algún día, volar como ellas?
Pedro que estaba mirando el volar de las águilas, no se había dado cuentas y se sobresalto un poco.
— No te asustes Pedro¬ —le dijo la joven, con una voz muy dulce—.
—Esa sería mí mayor ilusión señorita, pero nunca podré hacerlo— decía Pedrito, bastante desanimado—.
—Por que dices eso, de que nunca podrás hacerlo – le preguntaba la joven —.
—Señorita, yo no tengo alas ni plumas y si no tengo esas dos cosas, nunca podré hacerlo aunque me guste mucho.
—No tienes alas, pero tienes otros valores muy importantes.
—De que valores me habla usted.
—Desde ahora en adelante podrás volar y para hacerlo, solo tendrás que cerrar los ojos y pensar en volar.
—Señorita, muchas veces los he cerrado y hasta el momento nunca he volado.
—Ciérralos ahora y veras como podrás hacerlo.
Pedro cerró los ojos y como un águila fue volando y por primera vez, desde las alturas pudo ver su casa, el río, los animales y sentir la fresca brisa refrescando sus mejillas.
Cuando pedro abrió los ojos, la joven ya se había marchado. Esta le había dejado un mensaje escrito en el suelo, el cual decía “sigue siempre así y cuando quieras volar, solo tendrás que cerrar los ojos”.
Desde entonces Pedro se sentía muy afortunado, había conseguido lo que tanto deseaba.
En uno de sus muchos vuelos, vio a un amigo caerse en un pozo ciego y su rápida actuación salvo su vida.
Pedro estaba muy contento, por que además de hacer lo que tanto deseaba (que no todos lo consiguen), se dio cuentas que podía ayudar a la gente y eso le hacía la persona más feliz del mundo.

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El Pajaro Carpintero

Estaban todas las aves del bosque reunidas un día debajo de un frondoso árbol, cuando de pronto escucharon un ruido, parecian martillazos, intrigadas salieron a curiosear. vaya sorpresa, observaron a una pequeña ave, desconocida hasta entonces, la cual parada sobre el tronco de un árbol, martillaba con su pico insistentemente, el loro decidió acercársele y le pregunto:

¿Hola pequeño amigo que estas haciendo?.

Deteniendo por unos momentos su labor, el ave trabajadora le respondio: ¡estoy construyendo un nido para imilia amigo!.

El loro continuo la conversación: ¡Es muy extraño lo que haces,nosotros construimos los nidos sobre las ramas de los arboles!.

Soltando la risa, el ave trabajadora respondio: ¡Vaya error amigo, es por eso que se mojan cuando llueve y me imagino que también pasan mucho frío en las noches, amen del peligro que corren ya que estan expuestos a que alguna fiera del bosque les haga daño mientras duermen, yo en cambio duermo muy protegido en este nido y mis polluelos no pasan frío y no se mojan, comprendes las ventajas que tienen estos nidos!.

Sorprendido por aquellas palabras, el loro le propuso un trato: ¡Caramba amigo reconozco que tienes mucha razón, te propongo un trato, si me construyes un nido como el tuyo, estoy dispuestoa pagar lo que me pidas!.

El ave trabajadora aceptó el trato y le respondió: ¡Esta bien amigo loro, prometo entregarte este nido dentro de tres meses, para cuando comience el verano, mientras tanto deberas traerle comida a mi mujer y a mi hijo por el tiempo que yo este ausente lejos de casa trabajando!.

Contento el loro acepto las condiciones y la pequeña ave continuo trabajando.

Ansiosas las demás aves del bosque esperaban el regreso del loro, cuando este por fin llegó, la guacamaya se le acercó y le preguntó: ¿Oye primo que fue lo que hablaste con esa extraña ave?.

El loro respondió en voz alta para que los demás escucharan: ¡No se preocupen, es un ave amiga y muy trabajadora, esta construyendo un nido para su familia y lleque a un trato con él, prometió entregarme ese nido dentro de tres meses y a cambio me comprometí a alimentarle a su familia por el tiempo que este ausente trabajando en el bosque!.

La guacamaya exclamó: ¡Es un trato justo, veré si puedo hablar con él. Pasaron unos días y ya la extraña ave habia terminado de construir el nido y se encontraba cómodamente instalada con su pareja, en ese momento llegó hasta ellos la guacamaya y les preguntó: ¿Buenas tardes como estan por aquí, quisiera poder hablar con usted amigo, cuanto me cobra por construirme un nido como este?.

Saliendo por unos momentos del nido, la pequeña ave le respondió: ¡Eso depende del tipo de nido y del árbol en que lo quieras amigo, mientras más duro sea el árbol, más caro te costará el nido!.

La guacamaya se quedo pensando por unos momentos, entonces la pequeña ave le dijo: ¡Bueno hagamos una cosa, en vista de que he notado que eres una buena ave y haz venido en son de paz a mi casa, prometo construirte un nido, si a cambio te comprometes a venir todas las tardes a entretener con tu canto a mi hijo mientras yo este ausente!.

Complacida la guacamaya acepto el trato y regresando al bosque les contó a las demás aves lo sucedido. Transcurrieron los meses y la pareja de extrañas aves tuvieron su cría, el loro les traia comida todos los días y en las tardes la guacamaya los entretenía con su alegre canto. Muy lejos de aquel lugar, la pequeña ave trabajadora construia el nido para la guacamaya, pero el fuerte ruido atrajo hacia el lugar a un enorme gavilán quien parandose sobre una rama preguntó: ¿Se puede saber con que permiso el amigo esta construyendo un nido en este árbol?.

Soprendido por la pregunta, la pequeña ave trabajadora respondió: ¡Bueno que yo sepa el bosque no tiene dueño y en todo caso el amigo debería preguntarle a la guacamaya quien me contrato?.

Al escuchar aquella respuesta el fiero gavilán exclamó: ¡Miren pues asi que a usted lo contrato la guacamya, que raro ella no me informo nada al respecto, bueno ya arreglaremos cuentas en su momento!.

El enorme gavilán continuo su vuelo vigilando el bosque mientras la pequeña ave continuo con su trabajo.

A los pocos minutos llegó a su lado el tucán y le dijo: ¡Escuche buen amigo tenga mucho cuidado con ese gavilán, es muy peligroso y de paso se cree el dueño del bosque!.

Al escuchar aquellas palabras de advertencia, la pequeña ave trabajadora tuvo más precaución y de vez en cuando quitaba los ojos del palo para mirar el cielo.

Transcurrido un mes termino de construir el nido y buscando a la guacamaya le hizo entrega de la nueva casa muy contenta esta le dio las gracias y dio por concluido el trato. Entonces la pequeña ave trabajadora regresó a su nido a dormir con su familia.

Al día siguiente el loro se presentó con la comida y la pequeña ave le dijo: ¡Escucha buen amigo, mañana salgo para el bosque a construir otro nido ya que se acerca el verano y debo cumplir con el trato que acordamos!. Muy de mañana el ave trabajadora se marchó al bosque a construir el nuevo nido y sucedió que mientras trabajaba se le acercó el tucán con el cual habia conversado días atrás, este le preguntó: ¿Oiga buen amigo cuanto me cobraría usted por construirme un nido asó como ese para mi familia, ya que no tengo casa, anoche el gavilán me destrozó la que tenía?. la pequeña ave le respondió: ¡Comprendo su angustia amigo y quisiera ayudarlo, le propongo un trato, después que construya este nido, me mudaré para acá con mi familia, entonces podría comenzar a construirle su nido, pero a cambio usted se debe comprometer a alimentar a mi familia mientras yo este trabajando!.

Contento el tucán acepto el trato y voló al bosque a informar a su familia mientras la pequeña ave continuó con su trabajo. Pasaron unas semanas y por fin estuvo listo el nido, entonces la pequeña ave voló hasta el bosque en busca de su familia y ya lista la mudanza le entregó el antiguo nido al loro, quien muy contento aceptó la nueva casa. Mientras la pequeña ave estuvo ausente, el enorme gavilán trató de destruir el nido, pero el valiente tucán en compañía de otras aves lo enfrentaron y lo hicieron retirar. Al llegar la pequeña ave con su familia, fue informada de la situación, esa noche todas las aves del bosque durmieron cerca del nido para protegerlo del ataque del gavilán.

Al día siguiente las aves del bosque se reunieron en asamblea y decidieron que la lechuza se encargara de la vigilancia nocturna a cambio de comida y agua gratis todos los días. En ese mismo momento también decidieron por unanimidad darle un nombre a la pequeña ave trabajadora, a partir de ese instante la llamarían pajaro carpintero, el cual se convirtió en el ave más querida y protegida del bosque, pues su trabajo y habilidad para construir nidos era insuperable y muchas aves contrataban sus servicios por lo que tenía trabajo todo el año.

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