Dos Ángeles y un Cristo

En el Templo de la Santa Veracruz, sito en la ciudad de Toluca en el estado de México, se venera al Señor de la Santa Cruz, a quien también se le conoce como el Cristo Negro de la Santa Veracruz. Ocupa el Altar Mayor de la iglesia. Anteriormente, en el mismo sitio, los frailes franciscanos erigieron una capilla en el siglo XVI.

Este Cristo tan milagroso cuenta con una leyenda que a continuación relatamos. En la esquina que formaban la Calle Real y la Calle Navarrete -ahora Independencia y Aldama- vivía un hidalgo que sobresalía porque era muy bondadoso y gustaba de ayudar a los necesitados, ya que contaba con una buena fortuna.

En cierta ocasión llamaron a su puerta dos jóvenes sumamente hermosos. Eran tan bellos que no parecían de este mundo. Iban sencillamente vestidos, pero con una soberbia elegancia, con ropajes de telas nunca vistas por su suavidad y colorido. Uno era rubio y el otro moreno como moro.

El Templo de la Santa Veracruz en la Ciudad de Toluca

Cuando les abrió la puerta el criado del noble señor que habitaba la casa, pidieron ver al dueño de la misma. Al verlos y quedar impresionado por la apostura de los mancebos, el criado acudió presto a avisar a su patrón. Cuando el noble señor estuvo frente a los visitantes, éstos le mostraron una maravillosa y perfecta imagen de un Cristo Crucificado, y le preguntaron si estaba interesado en adquirirla. El caballero, al ver la efigie quedó estupefacto ¡Tanta era su belleza y perfección! Preguntó por el precio, a lo cual los jóvenes le indicaron que costaba treinta pesos.

Al escuchar tan bajo precio, el noble caballero accedió a comprarla, y abrió un escritorio donde guardaba una caja de plata, donde colocaba el dinero que se iba ofreciendo a lo largo del día. Empezó a contar las monedas mientras los mancebos le observaban. Al momento de entregar las monedas, el señor se percató de que los vendedores habían desaparecido como por arte de magia, dejando la imagen del Santo Cristo apoyada en una mesa.

Un tanto desconcertado por lo acaecido, el hidalgo español acudió, presuroso, a ver al sacerdote de la iglesia, con el fin de contarle lo sucedido. Al oír el relato, el cura dispuso que la imagen fuese trasladada inmediatamente a la iglesia, y para ello organizó una procesión y una serie de ceremonias, pues consideraba que era lo mínimo que podía hacer por tan sagrada imagen que no le cabía duda había sido entregada por un par de ángeles, para bendecir la Ciudad de Toluca con su presencia. Así, el Señor de la Santa Cruz, ocupó el Altar Mayor de la iglesia, y se dedicó a efectuar toda clase de milagros, por lo que fue muy venerado por los habitantes de Toluca y otras comunidades aledañas.

Sonia Iglesias y Cabrera

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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