La leyenda del judío

En lo que podría ser el Acto de Fe más sobresaliente, fue relajado al fuego don Tomás Treviño y Sobremonte, nacido en Castilla la Vieja. Su madre, Doña Leonor Martínez de Villagómez, fue relajada en estatua por judaizante en la Inquisición de Valladolid.  

Se ignora cuándo Don Tomás, pasó a la Nueva España, pero continuó con la tradición familiar impuesta por su madre y fue apresado por el Santo Oficio a finales del siglo XVII, pero como fingió arrepentimiento fue reconciliado y puesto en libertad. Poco tiempo después se casó con María Gómez procreando dos hijos llamados Rafael de Sobremonte y Leonor Martínez, quienes fieles a la familia también cayeron en las prisiones de la Inquisición.  

Pero ¿cuales fueron los crímenes cometidos por Don Tomás Treviño?  
He aquí una breve descripción de ellos.  

Cuando vivía en Guadalajara tuvo una tienda con dos accesos. Bajo una de las puertas había enterrado un Cristo, y se cuenta que todos aquéllos que entraban por ahí, les vendía más barato que a los que entraban por la otra. Comentaban también que en las noches azotaba a un Niño Dios de madera el cual conservaba las marcas de los azotes y por esto se consideró como milagroso venerándose en la Iglesia de Santo Domingo.  

Cuando regresó a México fue nuevamente hecho prisionero por el Santo Oficio con la respectiva incautación de bienes, nuevamente fingió arrepentimiento y fue puesto en libertad.  

En el nuevo proceso que se le siguió en donde fue condenado a la hoguera, los cargos fueron los siguientes:  

Realizar ceremonias judaicas, cubrirse la cabeza al momento de comer, iniciar la comida con un plato de buñuelos cubiertos con miel, degollar las gallinas con un cuchillo diciendo una oración con la vista hacia el oriente, se le acusó de obligar a su mujer y a su cuñada a denunciarse al Santo Tribunal porque ya estaban presos sus cuñados y su suegra, de haberse circuncidado, de no oír misa, cuando le decían buenos días o buenas tardes, él respondía beso las manos de vuestras mercedes, en lugar de alabado sea el Santísimo Sacramento, de que su mujer lo llamaba Santo de su Ley, y de maldecir al Santo Oficio y a sus ministros.  

La sentencia se cumplió el 15 de abril de 1649, saliendo Don Tomás Treviño de Sobremonte con San Benito y coroza, sin vela verde porque no la quiso, se le amordazó por blasfemo y fue entregado a la justicia y brazo seglar. Una vez en poder de la justicia fue montado en una mula, la cual reparaba cambiándosele a varias, la gente comentaba que los animales no querían llevar en su lomo a tan perro judío. Después de muchos intentos fue montado en un caballo que era conducido por un indio, el cual le aconsejaba se arrepintiera respondiendo Don Tomás con golpes y patadas.  

Ya en el Quemadero ubicado entre el convento de San Diego y la Alameda se le amarró al garrote de los suplicios y se encendió la hoguera. Don Tomás, a pesar del fuego y el humo no se quejó ni gritó, al contrario, acercaba las brazas y recordando sus bienes confiscados exclamó:  

-¡Echen más leña que mi dinero me cuesta!  

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