Los dos compadres

Dos compadres iban un cierto día caminando por el camino a Zimapán, en el estado de Hidalgo, cuando llegaron a un llano en donde se encontraban dos peñas que marcaban su límite. Este sitio siempre fue considerado por los habitantes de Hidalgo como un lugar habitado por seres malignos, donde era frecuente escuchar, a la media noche, los terribles gemidos de un hombre que parecía a punto de fallecer. Por ello, nadie se atrevía a acercarse a dicho lugar.

Así pues, ambos compadritos iban andando por este sitio cuando comenzaron a escuchar extraños sonidos. Como eran muy curiosos, se acercaron hacia el sitio de donde provenían dichos sonidos, que al irse acercando se convertían en terroríficos lamentos, exactamente como si fueran los quejidos de alguien que estuviese a punto de morir.

Al llegar al valle de las peñas, los compadres vieron aterrorizados a un hombre que se columpiaba en una cuerda amarrada en la punta de las dos peñas del llano. Se trataba de un hombre muy delgado, cuya piel parecía pegada a los huesos, era muy pálido e iba vestido de negro; mientras se columpiaba no dejaba de gritar pavorosamente. Los curiosos compadres se sintieron morir del miedo ante tan asombroso escena.

Los compadres se quedaron medio paralizados, no podían hablar, temblaban y sus cabellos parecían erizarse del miedo. En esa terrible facha se encontraban cuando de pronto vieron que una luz intensamente roja se acercaba al hombre del columpio y lo envolvía en  rojas llamas, mientras un ser extraño, que era nada menos que el Diablo, se abrazaba al cuerpo del hombre del columpio con la intención de llevárselo al Infierno.

El terrible Chamuco

Este prodigio tuvo el efecto de sacar a los compadres de su letargo, y aterrorizados, pálidos y sin habla, salieron corriendo precipitadamente. Sin embargo, cuando habían dado cuatro pasos, los dos compadres cayeron muertos cuan largos eran… no habían podido resistir ver al Diablo que se llevaba al cristiano que se columpiaba.

El hombre del columpio había sido en vida un hacendado hidalguense que mucho tiempo atrás había vendido su alma al Diablo a cambio de tener muchas riquezas, una enorme y productiva hacienda, y a la mujer más bella de la región.

Desde la muerte de los asustados compadres, el lugar donde se les apareció el Chamuco llevó el nombre de El Columpio el Diablo.

Sonia Iglesias y Cabrera

Deja tu comentario debajo