Categorías
Leyendas Cortas Leyendas Mexicanas Prehispanicas Tlaxcala

Tecuelhuetzin en la leyenda

Tecuelhuetzin nació, en un año desconocido. en lo que actualmente conocemos como el estado de Tlaxcala. Tuvo por padre a Xicoténcatl El Viejo y como hermano a Xicoténcatl El Joven, ambos personajes de controversia histórica debido a sus alianzas con los guerreros invasores españoles para acabar con que el imperio mexica.

Esta princesa tlaxcalteca, tuvo la mala suerte de casarse con Pedro de Alvarado, conquistador español a quienes los indígenas llamaba Tonatiuh, el Sol, ya que era muy rubio, tirando a pelirrojo y muy alto. Pedro de Alvarado participó en la batalla contra los tlaxcaltecas, quienes perdieron la pelea y se aliaron con ellos para luchar contra los tenochcas, sus eternos enemigos. Fue en estas circunstancias cuando los caciques de Tlaxcala obsequiaron a sus mujeres a los ganadores, a los capitanes de Hernán Cortés.

Así, la dulce princesa tlaxcalteca Tecuelhuetzin fue dada a Alvarado, aunque en un principio estaba destinada a Cortés, pero al final acabó con el Sol, ya que Hernando estaba casado. El matrimonio entre la tlaxcalteca y el español, por cierto a la manera indígena, era una manera de asegurar la alianza entre los dos bandos para luchar contra los mexicas. Como no fue bajo los ritos católicos, no se le consideraba un matrimonio muy legítimo.Tecuelhuetzin en un códice.

Al ser cedida al rubio español, se le cambió el nombre y la bautizaron como Luisa. Del matrimonio nacieron dos hijos: el primero un varón que recibió el nombre de Pedro, y la segunda una hembra a la cual llamaron Leonor, quien luego se casaría con Francisco de la Cueva. Pedro, hijo, nació en Tutepeque y Leonor en Utatlán. Algunas fuentes afirman que hubo un tercer hijo.

Tecuelhuetzin participó, junto con otras mujeres indígenas y españolas en la famosa batalla conocida como la Noche Triste. Batalla donde Alvarado se salvó por un pelo saltando con su lanza los puentes de la acequia de Tacuba; a esta acción se la conoce como el Salto de Alvarado, la cual dio origen al nombre de la calle Puente de Alvarado, situada en la antigua calzada que conducía al señorío de Tlacopan. (Cfr. Sonia Iglesias y Cabrera, “Pedro de Alvarado, El Cruel”)

Cuando más adelante, y después de la caída de Mexico-Tenochtitlan, fue enviado a participar en la conquista de Guatemala en 1524, se llevó a su mujer con él, y fue nombrado alguacil mayor de los Caballeros de Guatemala, El Salvador y Honduras.

No hay fuentes que nos informen acerca del trato que Pedro daba a Tecuelhuetzin, pero es fácil adivinarlo pues era el conquistador de México y Guatemala, cuya presencia imponía a los indígenas que nunca habían visto personas rubias, y que contaba en su haber un terrible genocidio, llevado a cabo en el Templo Mayor aprovechando una festividad: Cuando los señores mexicas danzaban completamente desarmados, las tropas hispanas cerraron las salidas del Templo Mayor y dispararon contra los nobles tenochcas. Tasajeaban y acuchillaban con las espadas, atacaban por la espalda; cabezas y brazos volaban por doquier, desgarraban cuerpos, herían muslos y pantorrillas, destrozaban abdómenes y arrastraban los intestinos. Los nobles corrían, pero no lograban ponerse a salvo. Habían caído en una trampa mortal. Los muertos fueron incontables. Los españoles se refugiaron en las casas que los mexicas habían puesto a su disposición, y procedieron a apresar a Moctezuma Xocoyotzin. (Ibidem)

Además, al llegar a Guatemala, Pedro, El Cruel contrajo matrimonio por la iglesia con Doña francisca de la Cueva en el año de 1527.

Doña Luisa Tecuelhuetzin murió en tierras guatemaltecas en el año de 1537, y se encuentra enterrada en la catedral de Antigua Guatemala.

 

Categorías
Leyendas Cortas Leyendas Mexicanas Prehispanicas Tlaxcala

Motenehuatzin, el poeta

Tizatlán, Lugar de la Tiza, fue uno de los cuatro señoríos de Tlaxcala, junto con Tepeticpac, Ocotelulco y Quiahuiztlán, los cuales formaban una federación manteniendo una cierta autonomía. Los gobernantes de los señoríos gustaban de las artes, de la oratoria y de la poesía.

Una leyenda tlaxcalteca nos cuenta que Motenehuatzin, hijo del señor de Tizatlan, destacaba por su inteligencia y su belleza. Fue hermano de Xicohténcatl El Joven y se convirtió en uno de los poetas más destacados de Tlaxcala.

Cuando llegó a la edad conveniente, su padre lo envió al Cuicacalli, la Escuela de Canto, para que se educara en las bellas artes del canto y la música. Cuando fue creciendo solía caminar por los floridos jardines de Tizatlán sin darse cuenta de que era admirado por las doncellas que lo contemplaban durante sus paseos. Todos le admiraban pue se le consideraba como un buen cantor, el predilecto de sus maestros.Ruinas del Señorío de Tizatlán

En el año de 1490 Señor de Huexotzingo, el Rey Poeta, de nombre Tecayehuatzin, tuvo la idea de realizar un concurso de poesía entre los poetas de los cuatro señoríos y de otras localidades de habla náhuatl, pues era muy afecto a los cantos. Concurso en el que participarían todos los poetas de Chololan, Tlaxcalan, Chalco y Texcoco, quienes versificarían y discutirían acerca de la trascendencia y del significado de la poesía. Como participantes se encontraban Ayocuan Cuetzpaltzin de Tecamachalco, Aquiauhtzin de Ayapanco, Xicoténcatl, Motenehuatzin, Xayacámach, y por supuesto Motenehuatzin, entre otros más.

Para tal efecto, el palacio de Tecayehuatzin se adornó de la manera más vistosa posible. Los señores principales y los participantes al concurso ocupaban los lugares de honor, mientras que el pueblo ocupaba las graderías.

Cuando pareció en el palacio Motenehuatzin vestido lujosamente con ropajes de colores rojo y blanco, símbolo de los tlaxcaltecas, todos los presentes lo admiraron por su majestuoso porte y su belleza. Entonces el príncipe poeta empezó a recitar:

Sólo he venido a cantar / ¿Qué decís, oh, amigos? / ¿De qué habláis aquí? / Aquís está el patio florido, / a él viene, / ¡Oh, príncipes! El hacedor de cascabeles / con llanto viene a cantar, / en medio de la primavera. / Flores desiguales. / Cantos desiguales, / en mi casa todo es padecer…

Al terminar el poeta su participación se oyeron exclamaciones de los asistentes que le ovacionaron por su actuación. Los huehues sonaban a más no poder y se escuchaba el impresionante lamento del caracol ceremonial.

Ni que decir tiene que Motenehuatzin fue el ganador del concurso, aquel que opacó a todos los participantes. Al llegar a su palacio, su padre, el Señor de Tizatlán, lo abrazó. Le felicitó y le dijo que merecía con creces ser el nuevo cacique de la ciudad.

De tal encuentro de sabios poetas da cuenta la obra Diálogo de la poesía: Flor y Canto cuyos folios se conservan en el manuscrito titulado Cantares Mexicanos, en donde se puede leer la salutación de Tecayehuatzin que dio inicio al concurso.

Sonia Iglesias y Cabrera

Categorías
Leyendas Cortas Leyendas Mexicanas Época Colonial Tlaxcala

Origen del nombre del volcán La Malinche

El volcán Matlalcueye, como también se le conoce, se encuentra entre los estados de Puebla y Tlaxcala. Se trata de un volcán activo que mide 4,420 metros de altura. Es un bellísimo lugar que fue declarado Parque Nacional en el año de 1838. Desde el siglo XVII se le conoce con el nombre de Malinche o Malitzin, en honor a Doña Marina o Malinalli, la esclava traductora, “la lengua” de Hernán Cortés.

En cierta ocasión, Doña Marina tenía mucho calor y decidió ir a bañarse a la Laguna de Acuitlapilco, -sita en la parte sur del actual estado de Tlaxcala-, para refrescarse un poco. Avisó a su amo Cortés adónde iba y se encaminó a la laguna acompañada de cuatro esclavas. Cortés no puso peros y la dejó ir a refrescarse. Malinalli salió del campamento en que se encontraban las tropas españolas muy ilusionada de poder ir a chapotear en el agua y quitarse un poco la sensación asfixiante del calor.

Al llegar a la laguna se quitó su hermoso huipil de grecas color turquesa y su enagua color azul celeste, y se metió a bañar a las frescas y claras aguas. Desde el otro lado de la laguna, se encontraban algunos de los habitantes del poblado de Xiloxoxtla que la observaban impresionados, pues ante tanta belleza la habían confundido con una diosa. Al confundirla con una deidad le pidieron que desencantara a la montaña Matlalcuéyatl, a la cual consideraban como un antiguo guerrero que había sido encantado y convertido en volcán junto con su amada.

El bello volcán La Malinche

Al ver a tantos hombres juntos que se le acercaban, Doña Marina empezó a gritar para sí misma. -¡Malinche, Malinche, Malinche! Llamando a su amante al que así apodaban, para que la salvase del peligro en que creía estar. Desesperada la mujer empezó a correr lo más rápido que podía para alejarse de los que creía sus agresores, mientras que los de Xiloxoxtla la seguían algo confundidos por su reacción.

Presto, Hernán Cortés ya había enviado a sus hombres a rescatarla. Al llegar la tropa y hablar con los de Xiloxoxtla todo se aclaró, y desde entonces el activo volcán recibió otro nuevo nombre: La Malinche.

Sonia Iglesias y Cabrera

Categorías
Tlaxcala

El origen del sarape de herraduras.

Uno de los diseños tradicionales que se labran en los sarapes que se elaboran en San Bernardino Contla, en el estado de Tlaxcala, es el de herraduras de caballo en color negro. Su origen a dado lugar a una leyenda que narra que a finales del siglo XIX, en el Barrio de Tlacatécpec vivía un artesano tejedor, quien era muy famoso por sus bellos y originales diseños de sus trabajos en el telar de pedales. Todo el pueblo lo conocía y apreciaba, y su fama se había extendido a todo el estado, pues era todo un artista honrado y humilde.

En cierta ocasión, un caballero muy rico y elegante que vivía en el pueblo de Apetatitlan decidió ir con el artesano para que le tejiese un sarape blanco que tuviera un diseño muy original, pues estaba seguro de que era el único capaz de darle gusto. Sabía que sus clientes más exigentes siempre quedaban completamente satisfechos con su trabajo. Llegó al pueblo de San Bernardino y preguntó por la casa del tejedor. Cuando le dieron las señas se dirigió a ella muy contento.

Habló con el tejedor y le dijo: – Buen hombre, he venido a verlo desde donde vivo con el fin de que me teja un hermoso sarape. Pero eso sí, el diseño debe ser original y nunca visto. El artesano aceptó el encargo y el reto.

Al siguiente día, el caballero volvió a ver al tejedor, el cual aún no había encontrado el diseño especial que le pedía. El caballero se fue. Así pasaron varios días, casi un mes. Y cuando el artesano veía llegar a su cliente le decía que aún no encontraba el motivo  original que debía labrar en el sarape blanco. El caballero, pacientemente, se despedía y regresaba al día siguiente.

El artesano de San Bernardino Contla

Llegó el invierno y el tejedor estaba sumamente apenado porque yo encontraba el diseño adecuado. Una mañana especialmente fría y cruda, en la que la nieve había formado una pequeña capa en el suelo del poblado, llegó el caballero hasta las puertas de la casa del artesano. Tocó la puerta, aunque no se bajó de su caballo. El artesano le abrió, y en ese momento exclamó: -¡Señor, señor. Ya tengo el diseño que tanto buscaba para su sarape blanco! Y corrió hasta su telar.

Mientras tanto, el hombre bajó de su cabalgadura, la aseguró en la rama de un árbol, se metió en la casa y llegó hasta donde se encontraba el telar. Vio que el tejedor estaba labrando en el sarape unas hermosas herraduras negras. Entonces, en ese momento se dio cuenta de que las huellas dejadas por su caballo en la capa de nieve habían sido la inspiración para su sarape.

Cuando el artesano terminó su trabajo, el caballero quedó encantado con el sarape y le pagó una buena cantidad de dinero. Con el tiempo, el diseño se fue copiando, pues a todos les encantaba. Pasó el tiempo, y ahora es uno de los diseños que hacen famosos a los sarapes del pueblo de San Bernardino Contla.

Sonia Iglesias y Cabrera

Categorías
Leyendas Cortas Tlaxcala

La Virgen del Santuario de Ocotlán

En el año de 1541, Juan Diego Bernardino, un indio nahua, topile de un monasterio, iba caminando por un bosque de ocotes, en Ocotlán, Lugar de Ocotes, poblado situado en el estado de Tlaxcala. De pronto, la Virgen se le apareció y le preguntó a dónde se dirigía. Juan Diego le respondió que llevaba agua a los enfermos que se estaban muriendo a causa de una epidemia. Al escucharlo, la Virgen le dijo que la siguiera para darle un agua milagrosa que los curaría, y que debían beber todos los habitantes para preservarse del contagio.

El indio la siguió hasta un fresco manantial en donde llenó su olla con agua, y regresó a su comunidad que se llamaba Santa Isabel Xiloxoxtla. Cuando estaba a punto de partir la Santa Señora, le informó que dentro de un árbol de ocote se encontraría con una imagen de ella, la cual debía llevar al Templo de San Lorenzo.

Juan Diego avisó a los frailes, quienes acudieron al bosque por la imagen. Cuando llegaron el campo estaba envuelto en llamas, pero el fuego no quemaba nada, y en un luminoso árbol encontraron la imagen de la Virgen María. Se la llevaron al templo y la colocaron en el altar mayor, que hasta ese momento ocupaba la imagen de San Lorenzo. Pero al sacristán no le gustó la idea, pues era devoto del santo y, por la noche,  cambió de sitio a la Virgen y volvió a poner a San Lorenzo en el altar mayor.

La Virgen del Santuario de Ocotlán

La virgen de Ocotlán está hecha en madera estofada y policromada. Mide de alto un metro cuarenta y ocho centímetros, y se encuentra sustentada en un pedestal de plata repujada. Un manto la cubre, sus manos se juntan en el pecho a modo de plegaria, y está elaborada de madera de ocote… de aquel árbol de ocote sagrado.

Sonia Iglesias y Cabrera

Categorías
Leyendas Cortas Tlaxcala

Mejor amor que peleas

Una hermosa leyenda nahua de Tlaxcala nos cuenta que ante la tormenta que se avecinaba, un Grillo construyó una casa con excremento de toro para protegerse de la lluvia. Un Coyote que pasaba por ahí, al sentir el agua se refugió cerca de la casa del Grillo. Pero un animal lo despertó y, asustado, echó a correr y pisó la casa. El Grillo le exigió a Coyote que la reconstruyera, pero se negó rotundamente y se burlo de él, alegando que nada podía hacerle, ya que era grande y fuerte, y Grillo chiquito y débil. Entonces Grillo lo retó para demostrar quién era el más fuerte. Llegaron a una barranca y Coyote le propuso que saltaran, a ver quién llegaba más lejos. Grillo le dijo a Coyote que saltara primero. Así lo hizo, pero cuando saltó Grillo se agarró de su cola, se dio impulso y cayó más lejos que Coyote. Entonces, muy ufano, volteó a ver a Coyote y le dijo: -¡Ya lo viste, decías que eras muy grandote, pero yo brinqué más lejos que tú! Pero Coyote estaba renuente a haber perdido.

Grillo le dijo: ¡Bueno, volvamos a intentarlo! Y corrió a llamar a todos los animales pequeños que eran sus amigos: a las avispas, las hormigas, las moscas, las abejas y otros bichos más. Grillo les explicó que Coyote había destruido su casa y que no quería componerla, y: – Como es grande y fuerte nomás se burla de mí.

Por su parte, Coyote también había llamado a reunión a muchos animales: toros, coyotes, venados y un Zorrillo, quien le preguntó la razón por la cual los había convocado. Coyote respondió: -Los he llamado porque deseo luchar contra otros animales. Zorrillo dijo que él los enfrentaría. Se reunieron en un llano con Grillo, y mientras los animales que había llevado Coyote se encontraban comiendo, Grillo llamó a sus aliados y les avisó que había llegado la hora de la pelea. Empezó la pelea, Coyote trataba de pegarle a Grillo, pero éste se escabullía y lo lograba alcanzarlo, y Zorrillo que estaba situado a cierta distancia, se dio cuenta de cómo los insectos estaban picando a los otros amigos de Coyote.

Grillo esperando la pelea contra Coyote y sus aliados.

Coyote reconstruyó la casa de Grillo. Al terminar de hacerla, escuchó las palabras de su enemigo que decía: -Coyote, todo lo que pasó fue una tontería, no debiste retarme, pues aunque soy pequeño sé defenderme, ya lo viste. ¡Ahora olvidemos lo ocurrido, amémonos y vayamos ante Dios para que nos bendiga¡

Sonia Iglesias y Cabrera

Categorías
Tlaxcala

El Cuatlapanga

Cuatlapanga es el nombre con el que se conoce a un volcán de dos mil novecientos metros de altura, localizado en el estado de Tlaxcala, entre los municipios de San José Teacalco y San Antonio Cuaxomulco. Además de Cuatlapanga, suele conocérsele con el nombre de El Cerro del Rostro, pues semeja la cara de una persona que estuviese gritando. Su denominación en lengua náhuatl significa “cabeza partida”. Dicho volcán se encuentra a los pies de La Malinche, volcán que mide cuatro mil cuatrocientos sesenta y un metros sobre el nivel del mar.

El Cuatlapanga

Hace ya cientos de años, vivía en la región de Tlaxcala un guerrero al que se le conocía con el nombre de Cuatlapanga. Estaba enamorado locamente de una muchacha esclava llamada Malinche. Cuatlapanga deseaba casarse con la joven que era poseedora de una belleza fuera de lo común. Sin embargo, su amo no estaba muy de acuerdo con ese matrimonio tan desigual, y porque estaba encaprichado con Malinche. Para evitar que se consumara el matrimonio, el tal amo sometió a diversas pruebas al enamorado guerrero que le llevaron fuera de la comunidad.

Mucho tiempo pasó Cuatlapanga cumpliendo las tareas a que había sido sometido por el cruel amo. Pero por fin cumplió con su cometido y pleno de felicidad acudió a la ciudad de Tlaxcala donde vivía el amo y la esclava. Al verse frente a frente, Cuatlapanga preguntó por la bella muchacha, pero el amo se limitó a señalar con la mano hacia un determinado sitio. Siguiendo la dirección señalada, el valiente guerrero se dirigió a ella. Al llegar al lugar indicado se encontró con una tumba en la cual descansaba su querida amada. Las personas que le vieron llorar desconsolado le informaron que Malinche había muerto de dolor y tristeza al ver que su amado no aparecía, pues hay que hacer notar que Cuatlapanga se había demorado demasiado en cumplir con las pruebas.

Completamente dolido y casi muerto de amor los dioses lo vieron llorar, y como eran compasivos se apiadaron de él y lo convirtieron en piedra  donde se encontraba la tumba de la impaciente Malinche. Desde entonces, se puede ver al pie del cerro de la Malinche a Cuatlapanga gimiendo y profiriendo gritos de dolor con la boca abierta.

Sonia Iglesias y Cabrera

Categorías
Tlaxcala

La flojera y el dinero

Cuenta una leyenda nahua de Tlaxcala que un señor que se llamaba Tomás iba todos los días a trabajar a su milpa, y a recoger leña. Era muy trabajador, pero muy pobre. Un día ya no le dieron ganas de trabajar ni de hacer nada. Su esposa, doña Chole, se encargó del trabajo de la milpa y el de la casa.

En cierta ocasión, cuando la esposa regresó del campo le preguntó a su marido qué era lo que hacía; enojado, éste le contestó que nada, que no era asunto suyo. La mujer, muy enfadada y con razón, le replicó que ya no tenían nada para comer y le reprochó el que estuviese siempre durmiendo. Pero el cínico marido respondió que tenía mucha flojera. Al otro día, al amanecer la mujer despertó al marido para que fueran a pizcar. Al principio no quiso ir, pero ante la insistencia de la esposa, se subió al burro, aunque todo adormilado.

La flojera y el dinero

Cuando llegaron a la milpa, la señora le obligó a trabajar, pero nada, el flojonazo seguía indolente. En eso estaban cuando el señor vio tiradas en el suelo unas monedas: un montoncito por ahí, otro por allá, y otros por acullá. Como la mujer lo seguía arriendo, el hombre le dijo; -¡Para qué trabajamos si allá atrasito hay muchas monedas!, -¿Y porque no las recogiste?, le replicó la mujer que inmediatamente fue a buscar el dinero sin encontrarlo. Buscó y buscó, y nada. Pues solamente las podía ver el campesino. esos que gastaron en comida, ropa, y en la compra de animales.

 

Pasado un tiempo, Chole le volvió a decir a Tomás que se fuera a trabajar. Éste renegó mucho, pero a regañadientes aceptó ir y tomó su hacha, se subió al burro y se fue a la milpa. Otra vez volvió a encontrar mucho dinero que recogió y llevó a su casa. En otra ocasión, cuando estaban juntando leña, a Tomás le entró la flojera y se recargó en un tronco para dormir; en esas estaba cuando vio una ollita llena de dinero, pero le dio flojera llevársela, alegando que para qué quería el dinero. Cuando regresaron a la casa, a la hora de la comida, Tomás le dijo a su esposa: -Allá, cuando estábamos juntando leña, había una ollita llena de dinero, junto al ocote grande, la olla es negra. Pero no se dio cuenta que su cuñado lo había escuchado y había emprendido la carrera para robar la olla. Chole le recriminó a Tomás el que no la hubiese traído, pero le dijo que le había dado mucha flojera cargarla. Mientras tanto, el cuñadito había encontrado la olla. La destapó y vio que sólo contenía excrementos.

Entonces, David se fue corriendo a la casa de su hermana y arrojó el contenido de la olla en la cabeza del Tomás que se encontraba durmiendo. Pero Tomás tenía tanta flojera que así continuó durmiendo a pesar de lo sucio y apestoso que estaba. Cuando al otro día su esposa lo vio, Tomás estaba lleno de monedas que Chole recogió y guardó. Así siguió la vida: Tomás siempre se encontraba dinero que la esposa guardaba. Tuvieron un hijo y vivieron todos muy felices.

Sonia Iglesias y Cabrera

Categorías
Tlaxcala

El Niño Milagroso de Tlaxcala. Leyenda tlaxcalteca

El Santo Niño Milagroso de Tlaxcala (el más pequeño de los estados del México) representa una de las figuras más importantes de las tradiciones religiosas y artesanales de nuestra imaginería popular. La tradición oral nos cuenta que en los primeros años del siglo XX, un humilde artesano que vivía en la ciudad de Tlaxcala trabajaba en la talla imágenes religiosas que elaboraba en madera de ayacahuite, para ganarse la vida y poder alimentar a su esposa y prole. Pero como el artesano no era muy artista ni contaba con mucha creatividad, las imágenes que tallaba no eran de buena calidad, sino bastantes toscas, y un tanto cuanto ingenuas.

El Niño Milagroso de Tlaxcala

La familia del artesano se encargaba de vender la producción recorriendo a pie las calles de la ciudad de Tlaxcala. Un día del mes de junio de 1913, en su recorrido diario los vendedores pasaron delante de la casa de la familia Anzures, de buenos recursos y pudiente. Al oír los pregones, la señora Anzures salió a la calle y les compró una escultura del Niño Jesús, aun cuando no le hacía mucha falta, pues tan sólo trataba de ayudar a la esposa y los hijos del artesano. Sin embargo, Concepción, Conchita como se la llamaba de cariño, la más dulce y bonita de las hijas de los Anzures, quedó fascinada con la imagen del Niño Jesús. Le gustó tanto que enseguida la tomó en sus brazos, y le otorgó su eterna devoción.

Cuando llegó el 23 de diciembre, Conchita colocó al Santo Niñito en el pesebre del “nacimiento”, como es costumbres entre los católicos de México. Tiempo después, el día 2 de febrero dedicado a la Virgen de la Candelaria y a la festividad de la Presentación del Señor, día ritual en que se “viste” al Niño Dios, y se le levanta del belén para arrullarlo y llevarlo a bendecir a la iglesia, la familia Anzures atavió a la imagen con un hermoso ropón de color azul celeste, y gorrito y zapatitos a juego tejidos con estambre. Conchita fue la encargada de “levantarlo”.

En el momento en que realizaba tal acción, sintió que el Niño se movía en sus brazos. Aunque la muchacha pensó que todo era producto de su imaginación, lo comentó a las personas invitadas a la celebración de la “tamalada” que se encontraban con ella y su familia. Intrigados todos los participantes se acercaron a mirar a la imagen y, efectivamente, se dieron cuenta de que se movía ligeramente. Ante tan maravilloso acontecimiento, se pusieron a rezar  novenarios y le dedicaron triduos (celebraciones religiosas que duran tres días) al Niño Jesús.

Como es de suponer, tal milagro fue conocido por la población. La fama del Niño prodigioso se extendió por la ciudad, por lo que todos los días llegaban a la casa de los Anzures devotos a pedirle favores al dios o a agradecerle los recibidos. Ante esta circunstancia, la familia decidió donar la imagen a la iglesia para que el Santo Niño Milagroso tuviera un lugar adecuado donde fuera adorado. El obispo de Tlaxcala, el 26 de febrero de 1914 envío una carta al cura de la iglesia para que pusiera la imagen del Niño en un nicho cerrado bajo llave, el cual no debía abrirse sin una orden expresa del obispo en cuestión.

La Parroquia que albergó la imagen fue construida en el siglo XVI. Su fachada corresponde al estilo Barroco Palafoxiano; su interior es Neoclásico del XIX. Cuenta con una capilla barroca donde se encuentra una imagen de la Virgen de Guadalupe trabajada con trozos de conchas marinas. En otra capilla, también de estilo barroco, se puede ver al Santo Niño Milagroso, protector de los niños recién nacidos, los no natos, y las mujeres embarazadas con problemas de alto riesgo.

El Santo Niño Milagrosos de Tlaxcala llevó al cabo numerosos milagros. Por ejemplo, el 28 de febrero de 1934, una mujer fue herida de gravedad por una pistola, lo cual le provocó una severa hemorragia interna. Su casa estaba en un poblado donde no había médico ni nadie que pudiera auxiliarla. Sus hijos, enloquecidos de angustia, lloraban y rezaban al Niño Milagroso. Uno de sus hijos decidió ir a la ciudad de Tlaxcala, para buscar un médico que pudiese salvarle la vida. Encontró a un doctor que acudió prestamente a la casa de la mujer herida. Al revisarla, el médico comunicó al angustiado esposo que no había nada que hacer, la muerte era inminente. Pero la familia no perdió la fe. Esposo e hijos se pusieron a rezar y a rogarle al Niño Milagroso que la salvara. Cuatro días después, la mujer estaba completamente restablecida. Al otro día, la familia en pleno acudió a la iglesia para dar gracias al Niño por tan maravilloso milagro.

Otro milagro que se le atribuye se produjo cuando una señora que estaba muy enferma de paperas acudió al templo de San José, y le pidió al cura que le pasara la imagen sobre las partes inflamadas. El padre aceptó y, poco después, la mujer se curó del mal que la aquejaba.
La fiesta del Santo Niño Milagroso de Tlaxcala se celebra el 14 de febrero. Los fieles acuden a la Parroquia de San José a rezar, adorarlo, llevarle flores, dulces y juguetitos para que se divierta y siga ayudando a los sufridos mortales.

Una de las oraciones del  Niño Milagroso es la siguiente:
Niño Divino, Niño Milagroso, sé siempre mi amparo, cuida mi camino;
Tú que los presos sacas de dura prisión,
Haz que sea preso, dame tu protección; cúrame niñito;
Si me sucediera una desgracia o algo me llegara a pasar,
¡Oh, Niño Milagroso! Tú me has de salvar.
Un enfermo grave pronto sana.
De ti me despido, Niño Adorado; todos mis apuros dejo a tu cuidado.
AMÉN.

Sonia Iglesias y Cabrera

Categorías
Leyendas Cortas Leyendas Urbanas de Terror Tlaxcala

Chucho el Roto

Chucho el Roto, cuyo nombre fue Jesús Arriaga, nació en Santa Ana Chiautempan. Tlaxcala, en la Calle del Gallito, en 1858. Chucho fue un famoso ladrón que se inició en la carrera de malviviente a causa de un hombre rico que le envió a presidio cuyo nombre fue don Diego de Frizac, por haberse enamorado de la señorita Matilde de Frizac, sobrina del millonario. En el año de 1885, se fugó de la cárcel de San Juan de Ulúa situada en una isla frente al Puerto de Veracruz.

Chucho y Matilde tuvieron una hija llamada María de los Dolores cuando él ejercía el oficio de carpintero. Al descubrirse el hecho la familia Frizac lo amenazó de muerte, y aun Matilde le rechazó por temor a la cólera de su tío. Acongojado, Chucho se raptó a la pequeña, fue hecho prisionero y encerrado en la Cárcel de Belem de la Ciudad de México, de donde fue llevado a San Juan de Ulúa.Leyenda chucho el roto
Para cometer sus robos, Chucho el Roto se vestía de manera elegante, razón por la cual le apodaron “el roto” (petimetre). Contaba con varios cómplices, La Changa, Juan Palomo y Lebrija, quienes le ayudaban a efectuar sus robos. Gran parte de lo robado Chucho lo regalaba a los pobres que le querían mucho.

Nueve años después de escapar, fue apresado durante su último robo, en las Cumbres de Maltrata, Veracruz. De vuelta a San Juan de Ulúa quiso volver a escapar, pero la traición de su compañero de celda Bruno, truncó sus intenciones. Herido por una certera bala, fue recapturado. El coronel Federico Hinojosa, director del penal, mandó que se le diesen cien azotes llamándole “desgraciado”, a lo que Chucho respondió: – ¡No puede ser desgraciado el que roba para aliviar el infortunio de los desventurados! Entonces, el coronel ordenó trescientos azotes. En San Juan le metieron a una celda de castigo, El Limbo, donde el verdugo El Boa le azotó. De El Limbo fue trasladado al Hospital Marqués de Montes, donde murió el 25 de marzo de 1894. Contaba con treinta y seis años de edad. Su cuerpo fue trasladado a México  y recibido por su hermana, Matilde y su hija Lolita. Cuando abrieron el ataúd sólo encontraron piedras.

Sonia Iglesias y Cabrera.